Ni Rubio, ni Duval. Maquiavelo sigue siendo hoy el consultor político más influyente de Madrid. La diferencia es que, en el Renacimiento, la mentira no era otra cosa sino un arte de culto y ahora es, simplemente, una chapuza sin disimulo. Querido lector, estamos asistiendo a la agonía de un gobierno que parece ya terminal. Sinceramente, esto no me produce el menor asombro, hace ya tiempo que la legislatura se parece más a Santiago Nasar que a un ciclo de los órganos legislativos.
Lo que sí resulta sorprendente es ver a absolutamente todos los partidos que forman parte del gobierno, que no son pocos, justificando a su manera la continuidad del mismo con la llegada del “fascismo” de un gobierno formado por la derecha.
Del Partido Socialista no es de extrañar. Somos espectadores del espectáculo dantesco que nos están brindando, con actos memorables como pueden ser su propia cloaca inundándose, dejando subir el agua de la financiación ilegal hasta la asfixia, o esos hombres fuertes de la organización, ayer superhombres, convertidos ya en “ese señor del que usted me habla” llegando incluso a la creciente sospecha de existencia de un “cerbero” engendrado por Sánchez, Bono y Zapatero, moviendo los hilos de un infame entramado criminal al amparo del Grupo de Puebla y de la mano del régimen chavista, junto a esos personajes, cada vez más conocidos, íntimos de estos tres individuos, como pueden ser Susana Sumelzo, Baltasar Garzón, Koldo García o Raúl Morodo.
Sin embargo, es posible que no salten tanto a la vista los intereses de los socios que mantienen con soporte vital este capítulo tan oscuro de nuestra democracia.
A mi parecer, la condena del Fiscal General fue el momento donde quedó en evidencia la falta de interés real en dejar caer a Sánchez. La hipocresía tiene un límite: uno puede amenazar mucho, fingir indignación y desmarcarse de la corrupción del partido de al lado. Ahora bien, cuando un cargo como el de García Ortiz , nombrado por el Gobierno para perseguir delitos, fue condenado por cometerlos, la respuesta de los socios fue reveladora. Lejos de exigir responsabilidades, se vieron obligados a atacar de manera crudivorista tanto el proceso judicial como el fallo, sin conocer siquiera la sentencia. Ahí quedó patente la verdad: nadie en el Gobierno se encuentra en condiciones de dejarlo caer.
¿Pero por qué esto es así? ¿Por qué se sigue apuntalando este circo? La mejor forma de entenderlo es desgranar el asunto, analizando a cada socio. Empezando por Bildu, pasando por Esquerra, Podemos y Sumar, hasta llegar a quienes operan con un programa distinto, como el PNV o Junts.
En lo que respecta a los abertzales, la ecuación es evidente. Nunca antes se habían encontrado ante semejante oportunidad para ejecutar su agenda y, de paso, blanquear su imagen como brazo político heredero de ETA. El canje ha sido más que exitoso: votos en Madrid a cambio de poder territorial en Navarra y el País Vasco. La amenaza de una alternativa PP-VOX, con la consecuente ruptura de pactos y el retorno a la irrelevancia institucional, es incentivo suficiente para mantener a este gobierno con respiración asistida, cueste lo que cueste. Además, la estrategia es rentable: lejos de desgastarse, cada día le comen más terreno a los de Aitor Esteban.
Dentro del separatismo de izquierdas, en el frente catalán, se encuentra ERC, que se disputa con Podemos, la maestría de la indignación escenificada: muy críticos con las miserias del Ejecutivo, con un Rufián que sube a la tribuna apelando a la vergüenza ajena y al estupor de compartir sábanas con una organización cercada por la corrupción.
Su permanencia la justifican apelando al mantenimiento de la legislatura de los “avances sociales” con frases banales como “una familia, una vivienda”, sin una sola propuesta real que contribuya a mejorar la vida de los catalanes ni mucho menos de los españoles.
No obstante, esta defensa tiene un interés oculto y su moralidad, un precio de mercado. No están dejando pasar el tiempo a ver si escampa la tormenta; están aguantando la respiración y tapándose la nariz mientras tratan de cobrar la factura de la financiación singular. Supongo que para la organización la dignidad no pesa más en la balanza que sus propios bolsillos.
El partido de Ione Belarra, cuya estrategia se dicta en remoto desde el estudio de Canal Red y no desde el escaño, se encuentra en una situación complicada. No escatiman en crítica ni desprecio al PSOE. Aun así, para Podemos ahora mismo forzar un adelanto electoral supone una “ruleta rusa”.
Por una parte, existe la posibilidad de que ante el descontento popular con Partido Socialista y Sumar, sean capaces de captar a un relativamente amplio sector de sus votantes, volviendo a la relevancia institucional, perpetrando así su venganza contra Yolanda Díaz por relegarles al “gallinero” del grupo mixto. Por otra, existe la posibilidad de que el miedo inducido de la llegada de la derecha al poder, provoque que el voto de izquierda se concentre en el gran partido, castigando al resto y llevando a los morados, definitivamente, a la no representación parlamentaria.
En un principio este segundo escenario podría parecer más improbable, pero es que aunque no ocurriese así, el hecho de forzar este cambio total de ciclo, podría castigar en las urnas a la organización, por ser la “culpable” de facilitarlo. Para ellos, lo más fácil es seguir ladrando mucho, y no hacer absolutamente nada, porque lo que es claro es que en lo que respecta a la organización, no hay atisbo de integridad al que apelar.
No se podía concluir el repaso del ala izquierda de este ángel caído si no era con la marca amortizada por excelencia de la legislatura, Sumar. La coalición política encabezada por Yolanda Díaz ha demostrado ser poco más que el socio ornamental del Partido Socialista, un mero apéndice dócil del mismo cuyo proyecto político ha sido hacer el ridículo en antena y mantener a toda costa las cinco carteras ministeriales que les fueron asignadas a cambio de no hacer mucho ruido. Que no le sorprenda a nadie ver ahora a Enrique Santiago y compañía afirmar que las cosas no pueden seguir así, no es más que un intento inane de brindar al partido una imagen de firmeza, que ha quedado neutralizada ante el desprecio con el que su socio de gobierno ha despachado una reunión en la que ni siquiera se presentó un solo ministro socialista.
Dejando a un lado el romanticismo antifascista, ahora toca hablar del verdadero negocio político, que más bien poco tiene que ver con ideología.
Por un lado tenemos el PNV, los viejos nobles de la política vasca, hoy más bien hidalgos que parecen tener más motivos para mantener el gobierno que para dejarlo caer. Hace ya un mes conocíamos a través de un informe de la UCO, que los jeltzales tendieron la mano a Sánchez en 2018 a cambio de mantener a Javier Cachón en la dirección de evaluación de medio ambiente y la cesión de un cargo importante en ADIF y otro en la SEPI. Esta fue la entrada a pagar para dar pie a una relación que ha degenerado en una dependencia tóxica.
Y es que en Sabin Etxea saben que el oxígeno electoral se les agota. Con los de Otegui comiéndoles la tostada en Euskadi, ya no viajan a Madrid a conseguir transferencias históricas para lucirse, sino a mendigar influencia y tratar de colocar peones para mantener su red clientelar. Sostienen a Sánchez no por convicción política, sino por puro pánico. Fuera de este gobierno, el frío de la irrelevancia es mortal para un partido acostumbrado a ser el perejil de todas las salsas.
Por el otro y para terminar la lista, tenemos a la joya de la corona de espinas del Sanchismo, a Junts Per Cat. El enfoque del PNV y el de los de Puigdemont es bien distinto. Mientras los vascos actúan por el pánico de la irrelevancia, los otros operan bajo la lógica del chantaje puro. Los intereses de esta burguesía catalana pasan por tener sometido al ejecutivo ante su debilidad y agonía por su corrupción para desguazar la soberanía nacional al precio de nada más y nada menos que siete votos.
Ahora parece que han roto con el gobierno, sin embargo este movimiento no responde a otra cosa sino al crecimiento en las encuestas de Aliança Catalana, tras quedar patente que estaban dejando de marcar el compás en la orquesta parlamentaria, en un intento de apretar las tuercas al ejecutivo para que cumplan los acuerdos firmados.
Y este es el bloque que nos gobierna, un bloque nefasto representación, no de los españoles, sino de lo más canceroso de la política. Formado por unos individuos egoístas, desesperados por seguir sintiendo el calor del coche oficial frente al yermo que les espera fuera del poder. Porque no les queda absolutamente nada más, ya no hay ninguna posibilidad de escribir historia alguna que les absuelva, ese tiempo ya pasó, ahora lo único que les queda es un presente que exprimir.

